¿Por qué no me gusta?

¿Por qué no me gustan los intercambios?

Calcetines, CD's, Dulces...

Hemos llegado de nuevo a esta época del año llena de paz, amor, armonía, borrachos, fiestas de oficina, posadas, excesos gastronómicos, canciones ridículas, sweaters más ridículos, adornos excesivos, supuesto clima frío, regalos y el sub genero de regalos más feo, los apestosos intercambios.

Querido lector, no me crean un grinch, todo lo demás que describí de esta época me gusta mucho, lo disfruto, pido un aplauso para los buñuelos y una mención especial para la cantidad obscena de dulces que hay en todos lados. Pero eso no evita que le tenga un rencor enorme a los fastidiosos intercambios.

Sí, no dudo que haya gente a la que siempre le tocan los mejores regalos, pero nunca soy yo ese ¡nunca!

Hay cosas que nos aguantamos y por ejemplo cuando es el intercambio familiar, uno dice ya que, me rifo, sonreiré y diré gracias cuando me den un sweater/calcetines/playera/camisa/CD/lo que sea que no usaré y que posiblemente hasta olvidaré llevármelo y adivinen qué, cuando llega el intercambio familiar, tu tía menos favorita no te falla y te regala un sweater color verde marca textos. Muchísimas gracias, era justo lo que quería para guardar en mi closet, pero eso si, uno se esfuerza para regalar algo significativo y que le guste al miembro de la familia que sea que te tocó ¿para qué? Para que se les olvidé que tú se los diste y lo reciclen para el siguiente año.

Pero hay otros lugares en los que uno por más que diga no gracias, mi religión no me lo permite, lo tachan a uno de grosero o de pocos amigos, pero no, yo lo hago porque no quiero hacer sufrir a mi contraparte. Estos lugares incluyen obviamente el trabajo, y una cosa es que pasemos más de 40 horas a la semana encerrados en el mismo lugar y otra que nos conozcamos, solamente sé tu nombre porque te tengo que mandar correos, hubo un momento que pensé que eran familiares porque todos tenían nombrepuntoapellido, eso es lo máximo que sé de ti, que “punto” no es parte de tu nombre y cuando llega el momento del intercambio de oficina, me doy cuenta que ustedes sabían exactamente lo mismo de mi. No sé que les hace pensar que la temporada 3 de E.R. era lo que yo quería ¿parezco doctor? ¿parece que disfruto el drama médico de la sala de urgencias? ¿parece que ya tengo la temporada 1 y 2? No, lo que parece es que habías olvidado que hoy era el intercambio y lo único que viste en el Sanborns de en frente y que estaba dentro del presupuesto era la temporada 3 de E.R. en descuento.

Eso me lleva a lo siguiente, una cosa es que uno ya tenga suficiente martirio estando en estos eventos llenos de sufrimiento, y también aguantar que los más mamadores en lugar de intercambio le dicen Santa secreto, esos son los mismos que “celebran día de acción de gracias”, pero no, también nos tenemos que fumar a la cantidad de personajes que por algún error en la Matrix existen en todos los intercambios, el/la que hace 5 regalos de broma antes de llegar al regalo de verdad, que termina siendo peor que los de broma, y no, no eres original al meter tu regalo en una caja de cereal y mucho menos en una de All-Bran. Los que regalan un sobrecito con un billete, ¡va! $500 hasta finjo una sonrisa, pero estas personas que no le pusieron el menor esfuerzo ni para acordarse de comprar algo, no te regalan eso, a lo más $200 y un “es que sé que vas a disfrutar más eso”, ajá, hubiera disfrutado más el de $500, con esto apenas puedo comer un combo grande en Carl´s Jr. Los que no dan siquiera el billete sino el certificado de regalo de Liverpool que a ellos obviamente les regalaron por ir en uno de los días de promociones y descuentos que hay en esta temporada, si, todos lo sabemos, no eres especial, ni siquiera el del Palacio, miserables. Los que por alguna razón creen que un regalo con motivos religiosos es de buen gusto o algo que alguien quisiera, en serio no tengo nada más que groserías para esas personas, solamente porque mi religión no me permite reaccionar de forma violenta (soy Jedi). Los que te regalan una caja de chocolates, otros codos que no creen que sabemos que esa caja no está debajo del presupuesto oficial del intercambio. Unos que siguen viviendo en 2005 y te regalan un CD, de verdad no manchen, creo que ya no tengo ni en qué reproducirlo, mejor me hubieras pagado unos meses de Spotify. Y parecidos a estos están los que te regalan un película de las que ya rematan en cualquier Wal-Mart. Pero los peores, los que son la injusticia de la tierra hecha persona, los que hacen que pierdas cualquier esperanza en que la felicidad existe, los que se rifan con un súper regalo carísimo de París, hasta la bolsa de papel se ve más cara que el regalo que tú compraste, y todavía dicen “perdón, lo compré de último minuto”, y todos se quedan pasmados, callados, se podría escuchar un alfiler caer, se acerca en cámara lenta, el tiempo se congeló, por fin sonríes y qué pasa, se lo da a la persona que está junto a ti, que era la misma persona que regaló veladoras de la virgen María y un rosario. Eso te quita la fe en la Navidad y en la bondad del mundo. Sabes que lo reyes son los papás y que Santa nada más trae calcetines.

Después de esos sucesos lo único que te queda es recurrir al mercado negro del intercambio e intentar cambiar tu temporada 3 de E.R. por los chocolates.

Ah si, también está el que se queja de todo, a menos que le toque el regalo caro, pero ese me cae bien.

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